#42 Res Novae
I
Jacques Ellul atravesó el siglo XX como un relámpago. Su pensamiento se origina en el primer tercio del siglo pasado y llega casi al umbral del siguiente, siendo uno de esos intelectuales cuyas ideas impregnan varias disciplinas al mismo tiempo. Filósofo, sociólogo, abogado y teólogo, construyó parte de su corpus teórico en torno a la idea de que la técnica no es solo sinónimo de máquina o tecnología, sino también una forma de organizar la sociedad en base a criterios de eficiencia y optimización. Su tesis es que la técnica, llevada a sus últimas consecuencias, deja de ser un instrumento o un medio y acaba imponiendo sus propias reglas. Es decir, llega un momento en el que dejamos de preguntar si cualquiera de sus resultados es bueno o malo. Simplemente nos preguntamos si funciona o no.
Casi al mismo tiempo, Heidegger, remando en el mismo siglo que el francés, avisaba del peligro de que la técnica moderna pueda llegar a impregnar al ser humano de un cálculo totalizante. Según el filósofo alemán, el peligro radica en que podemos llegar a olvidar otras formas de verdad, contemplación o indagación de nuestro propio ser, mientras nuestra visión se concentra únicamente en la dimensión utilitaria de todo lo que nos rodea.
Ortega y Gasset, a su manera, es más optimista, no cree que la técnica sea intrínsecamente mala, pero advierte de la falta de proyecto en la misma y su crecimiento sin orientación.
II
En su encíclica de esta semana, León XIV ha hecho una lectura moralizante de la IA. Se le ha criticado desde todas las aristas posibles: espirituales, religiosas, política… Sin embargo, el valor de la encíclica, bien estructurada y haciendo referencia a los valores del cristianismo más tradicional casi desde la primera línea, hace una reivindicación de lo esencialmente humano. Aspectos como la incertidumbre o nuestras propias debilidades y contradicciones, son aspectos que lejos de alejarnos de lo que somos, nos reafirman en ello, unos seres llenos de imperfecciones. Si nos atrevemos a mirar el documento con una mirada sosegada y alejada de tópicos, la encíclica pone en valor las características más representativas de lo humano, como el aprendizaje lento o el gusto por la belleza, enlazado en un salto de casi dos mil años con la filosofía platónica. Es decir, la incertidumbre de lo humano debe prevalecer sobre la supuesta certeza que ofrece la técnica, en este caso la IA.
III
Una de las mayores virtudes que se le atribuye a la IA y a las automatizaciones que trae consigo es que la fricción queda reducida al mínimo, cuando no a la nada. Pero es especialmente en la fricción donde el ser humano se ve capacitado para fomentar su creatividad y las posibles soluciones. León XIV, al igual que Ellul, Heidegger u Ortega y Gasset argumenta que “reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo” no es el camino. El ser humano es hijo de la fricción y de ahí nacieron no solo el fuego o la rueda, sino también nuestro ideal de belleza.
IV
Dos referencias para que continuéis el diálogo con vosotros mismos. La primera, la secuencia de Cónclave donde Ralph Fiennes advierte de que la certidumbre es el camino más corto a la intolerancia. La segunda, La respuesta, el magnífico cuento de Fredric Brown que Alberto Olmos ha recomendado en uno de sus últimos artículos.


